La Puerta de Magnesia, en el extremo sureste de la ciudad, se construyó en el siglo III a. e. c. al mismo tiempo que la muralla. Los trabajos arqueológicos —aún en curso— han demostrado que en el siglo I a. e. c. se transformó en una puerta monumental con tres accesos.
La calle que llegaba del puerto cruzaba la Puerta de Magnesia y continuaba hacia los asentamientos jónicos del sur. Esta puerta también conducía al Artemisión: como parte de la Vía Sagrada, tuvo siempre un peso simbólico enorme. La Vía Sagrada parte del Templo de Artemisa, rodea el Panayır Dağı por el este y el norte hasta la Puerta de Magnesia, atraviesa la ciudad en diagonal a través de la Puerta de Koressos y regresa al templo. Tanto la Puerta de Magnesia como la de Koressos conectan con el puerto.
La vía real comenzaba en el puerto, cruzaba la Puerta de Koressos y, más allá, pasaba por Sardes y Gordion hasta Susa. Con la expansión del Imperio romano por Anatolia, las defensas de la ciudad perdieron importancia. No fue hasta los ataques árabes de los primeros siglos del cristianismo cuando las murallas volvieron a cobrar peso por motivos de seguridad. Para Éfeso eso marcó el final de su época dorada: la población había disminuido. Por eso, en el siglo VIII e. c., los efesios levantaron una nueva muralla cuyos restos todavía son visibles, trazada entre el teatro y el puerto en eje este-oeste, dejando fuera la Biblioteca de Celso pero incluyendo el Gimnasio de Vedio.
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