Qué ver en la Cisterna Basílica

Cisterna Basílica

Estambul, ciudad clave ocupada en numerosas ocasiones a lo largo de la historia, se dotó de cisternas por orden de los emperadores bizantinos para cubrir las necesidades de agua. La cisterna construida por el emperador Justiniano en el siglo VI abasteció a la población durante mucho tiempo, también en el periodo otomano.

La parte superior está cerrada y el espacio se sostiene sobre 336 columnas dispuestas en 12 filas con cuatro metros de separación. Las dos columnas del rincón noroeste y las dos cabezas de Medusa colocadas en su base son una muestra del arte escultórico romano.

¿Qué merece la pena ver dentro?

1. Columnas imponentes y esculturas enigmáticas

La Cisterna Basílica impacta por sus 336 columnas de 9 metros y por las 2 esculturas de Medusa.

Medusa, uno de los personajes más conocidos de la mitología griega, era una de las gorgonas que, según la leyenda, podía petrificar a quien la mirara. Las representaciones de gorgonas se usaban para proteger grandes edificios y espacios privados, y por ese motivo se colocaron aquí.

Cisterna Basílica

2. La columna del interior

Una columna dentro de la cisterna se distingue de las demás por las leyendas que la rodean. Está decorada con pavos reales, ramas caídas y relieves en forma de lágrima, y se conoce como la «columna que llora». Se cuenta que durante los 38 años de obras trabajaron 7.000 esclavos, cientos de los cuales murieron, y que la columna se levantó en su memoria.

Cisterna Basílica

3. La escalera de 52 peldaños

Tras bajar los 52 peldaños de piedra, las 336 columnas que aparecen ante vosotros definen la arquitectura del lugar. Estas columnas y sus capiteles elevándose dentro de un depósito de agua impresionaron tanto que el sitio se conocería como el «Palacio Basílica».

Cisterna Basílica

4. El viajero holandés Petrus Gyllius

El mundo oscuro de la Cisterna Basílica salió a la luz a mediados del siglo XVI gracias al viajero holandés Petrus Gyllius. Llegado a Estambul para estudiar textos antiguos, supo que en las casas cercanas a Santa Sofía había un hueco en el suelo desde donde los vecinos bajaban cubos y sacaban agua e incluso peces. Cuando encontró la forma de entrar recorrió la cisterna con antorcha y barca, y dio a conocer al mundo occidental este lugar fascinante.

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